Una vez entramos a una casa abandonada que está justo al lado del insuco 2, yo estaba ebria, debo decir, en un estado etílico pal pico, así que, entre la rabia y la amargura de la borrachera eché abajo la puerta que nos entraba a la preciosura que nadie aprovecha, ahí escribí en las paredes, calqué mi nombre y mi rut casi completo, para deshacerme en parte de ellos, deshacerme del peso y la responsabilidad que es tener un nombre, un nombre que nos obligan a usar y a cargar con él toda la vida, todos los días, por eso más que nada el uso de mi no-nombre "Alonso" y mi lesbianismo en su máxima expresión.